Carolina Dávila: Imagen (In) completa
- Respirando el verano
- 5 oct 2018
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 7 oct 2018

“Imagen (In) completa” es la marcha de la palabra sencilla y nítida sobre el territorio de lo cotidiano que en medio de ese itinerario, se revela renovado, luminoso, ofreciéndole al lector no solo los bordes sino la pulpa innegable de lo que a diario nos habla. Carolina Dávila le devuelve la dignidad al paisaje del día a día pues sabe, recordando a Baudelaire, que para nombrar la eternidad, solo basta hablar con talento de lo que nos rodea. En este libro encontramos la voz de una poeta que no limita su mirada; todo lo que toca –contemplando-: el cuerpo y su hondura, la multiplicidad del viaje, las formas del amor, el pasado inexorable, al otro en medio de su ruta, son elementos cuidadosamente llamados a la imagen depurada como certeza de que en lo pequeño y la mirada que le damos, tantas veces está la belleza y la potencia de la vida.
Camila Charry Noriega
Mayo de 2018
Aquí también anida la belleza
en lo que se abandona y descompone
en lo que muere de repente
Precisa y oscura
como las nubes
que en la última claridad
se tornan negras, nítidas y delineadas
Porque como ellas
que se enfrentan y resisten
que inician cada tarde su derrota
así
salvaje
impúdica
es la belleza en esta aldea
Lugar de salida: Estación central
El viaje comienza con una sacudida
el reloj de la estación central se estremece
–primera señal del fin de la solidez–
Si lo sólido se disipa
si lo sólido se funde
vamos directo a una cifrada oscuridad
Al otro lado del vidrio todo se desdibuja, se derrite
gotean los rieles
gotean las rocas
al otro lado el mundo se derrama
Me dices que lo sólido no se desborda
que las cosas saben guardar la compostura
Es el vidrio –dices– el vidrio y su superficie irregular
es el sol pegando en esa superficie
(pero la herida no está ahí, la herida es el afuera)
Tendrías que estar en el tren
tendrías que ver
los tallos sobrepasando sus límites
la madera, crujir, romperse dolorosa
en su pobre alma de madera
Sentir el sol del mediodía:
condición sine qua non para saber
que sólo él desborda las montañas
derrama la tierra negra
que se funde
con la nieve
con el tren
conmigo
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